Creyendo en lo no creíble Mi ideología terca se escandaliza frente a un bombardeo contaminante de conductas contrarias, mi tendencia innata de matizar con tintes de idealismo la realidad construida, obstaculiza el proseguir con infinita felicidad, esa felicidad frágil y pasajera que me corroe en cada experiencia de vida, por el simple hecho de creer en lo no creíble, de abogar por razones fundadas con total arraigo sólo en mi persona, pero inconsistentes para el resto, los no yo, aquellos que te observan y oyen con atención, simulando que el reloj se detiene frente a un sermón deteriorado a ratos, sólido a veces, pero que justo en el momento en que logra llegar a la cima, la avalancha de excusas logra arrasar con éste, dibujando un semblante turbado, perplejo de tanta ironía, angustiado de impotencia.
Hubo un pacto inicial. El momento es intenso, la remembranza también. Nunca lo entendiste, nunca fuiste capaz de exponer tus aprehensiones frente a los mandatos impuestos por esa otra mitad que no se ajustaba a tus tantas fantasías realizadas, a un romanticismo manoseado por el recargo licencioso.
Ya lo sabías ¿verdad? La pregunta fue un adorno obligado que coronó la conducta ya realizada, como quien pide permiso para entrar cuando ya se encuentra cruzando el umbral de la puerta y aquel que observa desde dentro no tiene más remedio que asentir con la cabeza, simulando gratitud hacia la cortesía inútil de proceder con civilidad, siendo totalmente incivilizado.
La celeridad de tus acciones no se coordinaba con la parsimonia exasperante que manejaba tu reacción y tus sentimientos, si es que alguna vez habitaron dentro de ti. Creo que la serenidad adoptada al actuar como receptáculo del dardo, que acabaría con una historia tejida con hilos dorados de una ternura inocente y un concepto de amor contrario al que lucho por encontrar, fue sostenida por la creencia persistente de que el sentimiento se anidó y creció extraña, casi inexplicablemente para una mente hostigada por la fatídica rectitud.
Nunca hubo una atadura real entre el exterior conocido y el interior inexplorado. Jugabas con aquella careta iluminada por la superficialidad de encantos teñidos por la ceguera de poder, ese poder obtenido con la subordinación, con la subyugación ante otro que creía reinar, pero que finalmente sólo se trataba de una existencia mutilada.
Hubo un pacto inicial. El momento es intenso, la remembranza también. Nunca lo entendiste, nunca fuiste capaz de exponer tus aprehensiones frente a los mandatos impuestos por esa otra mitad que no se ajustaba a tus tantas fantasías realizadas, a un romanticismo manoseado por el recargo licencioso.
Ya lo sabías ¿verdad? La pregunta fue un adorno obligado que coronó la conducta ya realizada, como quien pide permiso para entrar cuando ya se encuentra cruzando el umbral de la puerta y aquel que observa desde dentro no tiene más remedio que asentir con la cabeza, simulando gratitud hacia la cortesía inútil de proceder con civilidad, siendo totalmente incivilizado.
La celeridad de tus acciones no se coordinaba con la parsimonia exasperante que manejaba tu reacción y tus sentimientos, si es que alguna vez habitaron dentro de ti. Creo que la serenidad adoptada al actuar como receptáculo del dardo, que acabaría con una historia tejida con hilos dorados de una ternura inocente y un concepto de amor contrario al que lucho por encontrar, fue sostenida por la creencia persistente de que el sentimiento se anidó y creció extraña, casi inexplicablemente para una mente hostigada por la fatídica rectitud.
Nunca hubo una atadura real entre el exterior conocido y el interior inexplorado. Jugabas con aquella careta iluminada por la superficialidad de encantos teñidos por la ceguera de poder, ese poder obtenido con la subordinación, con la subyugación ante otro que creía reinar, pero que finalmente sólo se trataba de una existencia mutilada.
Tras cruzar la mirada con los recuerdos, se me revela una pupila condecorada con el brillo de las caricias no dadas, de los silencios y de la distancia, aquel distanciamiento forzado por la matanza de ilusiones acaecida en tan solo una noche, aquella noche…
