Desde la mirada crítica de mi mundo exterior, existía ese olor a victoria, había un matiz de serenidad proclamado por, a mi gusto, una gran derrota ¿o no?
El tempestuoso momento que marcó la culminación de un proceso de árboles de ilusión, florecillas rojas de pasión, mares de alegría, lagunas de desenfreno, sin dejar de lado las tormentas de decepción, inseguridad, desconfianza y desamor, fue más que nada un retumbar de mi propio desahogo, el canto desesperado de un alma repleta de un sentimiento confuso, pero fuerte; una emoción tímida, pero luchadora: un miedo inmenso, pero sublimado a más no poder; una idealización marcada por mi reciente ceguera, esa que no tiene cura, cuyo remedio termina siendo la peor de las medicinas.
Era tiempo de revivenciar momentos siempre agradables, envueltos con el dulce sabor de la travesura, noches de risas iban y venían, personajes desconocidos vagaban hoy por el escenario quebrajado de mi vida, aportando su cuota de ¿cariño? no, definitivamente se trataba de un parche de halagos, combinado con anulaciones impensadas del espacio personal de cada uno, uniones extrañas resultantes debido al exceso de conversaciones pueriles, dignas de un momento de divertimento, embebidas con esas pócimas de las cuales la mayoría goza y que ciertamente amenizan veladas, pero ¿era eso cierto?
Comenzaba un nuevo día ¿que me deparaba la bohemia? Pronto el aparato sonoro, retumba en mi habitación, la agrupación no tardaba en reunirse y claro, no me iba a quedar atrás, nuevamente una sonrisa inundaba mi rostro, lograba disimular en público, sin embargo mis cercanos, quienes verdaderamente me conocen, lograban leer entre líneas, intuían que tras esas carreras alocadas, se escondían melancólicos recuerdos atesorados con especial recelo.
Día a día, renunciaba a la imagen absurda de una etapa ¿pasada? pero las apariciones furtivas hacían cada vez más pedregoso el camino. No era tiempo de ceder. Miraba hacia delante y proseguía con mi aventura ¿Quién eres? caricias y besos ajenos me rodeaban, frente a lo cual respondía con picardía, no era despreciable el momento, no, sin embargo ¿me llenaba en realidad?
Justamente no era necesario verte y lo hice, moviste tus labios emitiendo frases que al común de las féminas le hubiese gustado escuchar, menos a mí ¿complicada? diría que era sólo el conocimiento que había adquirido durante ese tiempo el que me había bastado para en ese preciso instante, sólo escuchar, y seguir avanzando, aunque mis sentidos se movieran en dirección contraria. Me volvía en una batalla campal contra ellos, para que por fin obedecieran. Su discurso calaba hondo en mí, ellos eran un reflejo fiel de mis emociones, se trasladaban, dejándome abandonada a mi suerte, con mis reflexiones baratas en cuanto al verdadero significado del ¿amor? cuatro letras que siempre me han mirado de manera desafiante, pero aún no logran rozarme con los pétalos espinosos de su aparente hermosura, he salido vencedora.
Las escuchaba, los escuchaba ¿era tan malo? ¿tan equivocada estuve?...
El tempestuoso momento que marcó la culminación de un proceso de árboles de ilusión, florecillas rojas de pasión, mares de alegría, lagunas de desenfreno, sin dejar de lado las tormentas de decepción, inseguridad, desconfianza y desamor, fue más que nada un retumbar de mi propio desahogo, el canto desesperado de un alma repleta de un sentimiento confuso, pero fuerte; una emoción tímida, pero luchadora: un miedo inmenso, pero sublimado a más no poder; una idealización marcada por mi reciente ceguera, esa que no tiene cura, cuyo remedio termina siendo la peor de las medicinas.
Era tiempo de revivenciar momentos siempre agradables, envueltos con el dulce sabor de la travesura, noches de risas iban y venían, personajes desconocidos vagaban hoy por el escenario quebrajado de mi vida, aportando su cuota de ¿cariño? no, definitivamente se trataba de un parche de halagos, combinado con anulaciones impensadas del espacio personal de cada uno, uniones extrañas resultantes debido al exceso de conversaciones pueriles, dignas de un momento de divertimento, embebidas con esas pócimas de las cuales la mayoría goza y que ciertamente amenizan veladas, pero ¿era eso cierto?
Comenzaba un nuevo día ¿que me deparaba la bohemia? Pronto el aparato sonoro, retumba en mi habitación, la agrupación no tardaba en reunirse y claro, no me iba a quedar atrás, nuevamente una sonrisa inundaba mi rostro, lograba disimular en público, sin embargo mis cercanos, quienes verdaderamente me conocen, lograban leer entre líneas, intuían que tras esas carreras alocadas, se escondían melancólicos recuerdos atesorados con especial recelo.
Día a día, renunciaba a la imagen absurda de una etapa ¿pasada? pero las apariciones furtivas hacían cada vez más pedregoso el camino. No era tiempo de ceder. Miraba hacia delante y proseguía con mi aventura ¿Quién eres? caricias y besos ajenos me rodeaban, frente a lo cual respondía con picardía, no era despreciable el momento, no, sin embargo ¿me llenaba en realidad?
Justamente no era necesario verte y lo hice, moviste tus labios emitiendo frases que al común de las féminas le hubiese gustado escuchar, menos a mí ¿complicada? diría que era sólo el conocimiento que había adquirido durante ese tiempo el que me había bastado para en ese preciso instante, sólo escuchar, y seguir avanzando, aunque mis sentidos se movieran en dirección contraria. Me volvía en una batalla campal contra ellos, para que por fin obedecieran. Su discurso calaba hondo en mí, ellos eran un reflejo fiel de mis emociones, se trasladaban, dejándome abandonada a mi suerte, con mis reflexiones baratas en cuanto al verdadero significado del ¿amor? cuatro letras que siempre me han mirado de manera desafiante, pero aún no logran rozarme con los pétalos espinosos de su aparente hermosura, he salido vencedora.
Las escuchaba, los escuchaba ¿era tan malo? ¿tan equivocada estuve?...


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