sábado, febrero 18, 2006

¿Mero Encantamiento?

Las imágenes y sensaciones que pelean volverse concientes en la porción pensante de mi ser, están matizadas en tonalidades grises, y es que los episodios vividos, distan bastante de ser eco de las idealizaciones que de niña tuve de una realidad compartida con un otro, con esa otra mitad que buscamos sigilosamente, pero que al fin y al cabo atrapamos al paso.

Frases armoniosas, perfectamente configuradas para otorgar sentimientos placenteros en quienes las escuchan, ya formaban parte de mi repertorio diario, aunque el romanticismo nunca ha sido el aliado perfecto de aquellas danzas de conquista, sin embargo, a pesar de que me oponía y trataba de armar una secuencia lógica de falacia contra aquello estipulado, terminaban por volverse las piezas perfectas faltantes del rompecabezas de cariño, que desde hace un tiempo había estado siendo devastado por el viento del olvido. Mis barreras de la desconfianza se paseaban en frente mío, trazando la brecha perfecta entre el encantamiento y la realidad, dicho sea de paso, me encontraba frente a una figura que nunca fue vitoreada por el entorno, por los espectadores pasivos de tantas ¿desventuras? Los murmullos enclaustrados en cada pasillo por el que anduve, rozaron mis tímpanos, más no penetraron más allá, el universo creado en ese espacio entre nuestra cercanía, se apoderaba de la visión global de lo ¿real?, e impedía que los sonidos recubiertos ¿de verdad? ¿de maldad?, se manifestaran estrepitosamente en mi ser.

Claramente las reflexiones absolutamente racionales, contribuían a fortalecer la barrera que me separaba de esa, hasta entonces, extrañamente atractiva forma de ser, que atacaba con provocar un caos si es que el aroma de su seducción, sobrepasaba el límite impuesto por mi bendita intelectualización, la cual se sentía nuevamente amenazada y cada vez más debilitada frente a tanto ataque.

Finalmente fui presa del querer, esa silueta no se detuvo, se transparentó medianamente, y provocó el tan temido desequilibrio del cual siempre huí, pero no me acongojé, sólo disfruté, mi osadía interior se encontraba en pleno apogeo, el ello cada vez más primitivo hablaba por el superyo casi desplazado. Obtenía respuestas inesperadas, cada vez veía más claramente a esa figura ¿Pero eso era la realidad? Tal parece que el querer agradar para obtener caricias a cambio, impulsaba a mostrarse de una forma que quizá nunca fue la que acostumbraba a ser, o puede que el entusiasmo primero se haya debilitado dando paso al ser, atentando contra el glorioso príncipe de armaduras de oro, montado en su caballo blanco al rescate de mi persona, quien lo esperaba sin mayores ataduras, ya que mi visión se encontraba favorecida por la careta de la bondad. El caballero se bajó, me recogió y galopamos entre hierba venenosa, me sentía segura, estaba a su lado; me sentía poderosa, era un príncipe; me sentía feliz, lo había encontrado, pero ¿cuánto duraría esa felicidad? Pronto froté mis ojos, en una acción desesperada y al volver en sí, luego de que esas manchas multicolores se disolvieran, pude darme cuenta que no podía tratarse de otra cosa que de una ilusión creada por mis propias ansias de querer creer, junto con mi ahínco por idealizar. Pero no estaba todo perdido, vocecillas sabias atormentaban el idilio, esas voces que nunca te dejan en paz y que como observadores externos gozaban de una visión enriquecida de variadas aristas que escapaban a mi campo analizado, por lo que su verborrea, nada se relacionaba con aquello que yo había vivido, ¿Qué pasa? poco a poco todo cobró sentido, acontecimientos lamentables azotaron como olas descomunales mis deseos de caminar por más tiempo tomados de la mano, era momento de acabar con el rompecabezas velozmente armado, las piezas estaban sobrepuestas y fue por lo mismo que aquella temporalidad armoniosa era débil, quebradiza. Era el fin