Dialogando con mis deseos
¿Palabras? ¡Detente! escucha el silencio y ahora dime si no es armoniosa su melodía, niégame que las miradas son más que letras formando una frase.
¿Por qué te vas? No agaches la mirada que estás a punto de delatarte.
¿Por qué te vas? No agaches la mirada que estás a punto de delatarte.
¿Tienes miedo? Ya conozco tu secreto, aquel que has acallado durante algún tiempo, aquel que no te deja crear, aquel que no te da espacio a soñar.
¿Me lo preguntaste? No, la fachada siempre pudo más, la apariencia y la terquedad son tus aliados.
¿Mis acciones? No son más que coreografías corporales que no se conjugan con mi sentir.
¿Me ves? Yo también lo hago, nunca lo dejé de hacer.
¿Tú y yo? Dos cuerpos a contraluz, infinitamente próximos el uno del otro, escabulléndose de la carátula presente de un pasado casi arrinconado en la gaveta del olvido, de un orgullo absurdo, maestro y contemplador fiel de tanta deslealtad y falacia auto-infringida, que aunque inconciente, dañina.
¿Interrogantes? Ciertamente creo no evidenciar el peso de los actos sin sentido, pertenezco a la porción reflexiva de la raza humana, me lío en una riña analítica, sobornando lo incorrecto, racionalizando los sentimientos, declarándole la guerra a los impulsos, deambulando entre la incertidumbre del querer y del deber, de lo bueno y lo malo, del ser y del querer ser. Es mi esencia, soy yo.
¿Quién puede más? Cuando el sonido de aquel que por muchos años fue sosegado, lucha por retumbar rimbombante en una razón aturdida, no hay mayor sabiduría que dejarlo desatarse.
¿Así se sentía? El monstruo tenebroso fue vencido, nada era tan escalofriante, nada era tan sombrío.
¿Sintámonos una vez más? El sello fue infinito, aunque delimitado, la unión armoniosa. De un momento a otro nos encontrábamos sumergidos, perdidos dentro de un área conocida, sin querer encontrar la salida, sin siquiera sentir las ansias de huir. La eternidad asemejaba un segundo cronometrado por nuestras manos recorriendo los recuerdos, observando la felicidad, acurrucándonos con el anhelo de la reconciliación, arrodillándonos ante la dulzura.
¿Cobardía? Que mejor fortaleza que deslumbrar con la nobleza de la desnudez de un sentimiento.
¿Lo logramos? Sólo pusimos sobre la mesa las cartas sentimentales, impulsivas, apasionadas, guardadas en la caja de la torpeza y del delirio de grandeza.
¿Qué significa esto? Descansemos frente a la travesura de vivir sin titular
¿Se repetirá? Disfrutemos del instante, pensemos en que no hay mañana, creamos que el último minuto es este.
¿Juntos otra vez? Aún no se ha dicho la última palabra.
¿Un reencuentro? La ansiedad me carcome, me aquieta la esperanza.
¿Cobardía? Que mejor fortaleza que deslumbrar con la nobleza de la desnudez de un sentimiento.
¿Lo logramos? Sólo pusimos sobre la mesa las cartas sentimentales, impulsivas, apasionadas, guardadas en la caja de la torpeza y del delirio de grandeza.
¿Qué significa esto? Descansemos frente a la travesura de vivir sin titular
¿Se repetirá? Disfrutemos del instante, pensemos en que no hay mañana, creamos que el último minuto es este.
¿Juntos otra vez? Aún no se ha dicho la última palabra.
¿Un reencuentro? La ansiedad me carcome, me aquieta la esperanza.


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