El inconciente mandaba señales concientes sobre lo que ocurría a mi alrededor, miraba sin querer ver, pero era imposible que no se manifestara con total absolutismo aquello. Flotaba en medio de la multitud, el viento, en una hazaña totalmente impensada, jugó en contra de mi voluntad de coartarme frente a cualquier expresión impulsiva de los sentimientos arrinconados en la razón. Pronto mis conductas no correlacionadas en lo más mínimo con los estímulos demandados desde el interior, dieron por terminada la tertulia de una manera no muy cordial, pero adecuadamente posicionada debido al momento por el cual estaba atravesando, dado que la rapidez del perfume de la reconciliación nunca ha tenido una grata cabida en ese enmarañado conjunto de neuronas unidas unas a otras con la misión de dirigirme ¿hacia donde? Aún lo sabía. No fue fácil desligarme del episodio, murmuraste sobre cada uno de los protagonistas de esta historia, ¿unión?. Era mucho más fácil refugiarse en los fantasmas sombríos de un pasado que no pensaba marcharse, sus tenazas de suciedad se mantenían atascadas con total afianzamiento que las llagas no tardaban en aparecer, sin embargo, no sangraron, tus párrafos perfectamente estudiados para el momento lograron coagularla, pero ¿cicatrizaría? Lamentablemente sólo se trataba de una, las otras mantenían su ciclo ¡vete de una vez!.
Pronto el desagradable pasado comenzó a ahuyentarse, o quizá eran las ansías incontrolables de creer en que las señales del ambiente eran ciertas, pero no de aquel ambiente inhóspito que por algún tiempo me rodeó, sino que de aquel entorno regocijante, aquel entorno que alguna vez me hizo pintar una sonrisa sincera en el rostro.
Enunciados poco comunes y claramente dirigidos adornaban las denominaciones creadas de tu persona, y si aquello se trataba de una invención, ¿Por qué sus acompañantes serían verdaderos? Pero me atraía el juego hiriente de caer en esas brasas confusas. La montaña rusa de tus dardos fugaces, extrañamente hacían trasladarme al comienzo, a ese encantamiento inicial que tanto me provocó ¿Me hablas a mí? Pronto un acontecimiento extraño y devastador azotó mi sistema nervioso, una punzada en el pecho era la señal del impacto de aquello, la indeferencia, enemiga desde hace tantos años, se hacía presente como la triunfadora en la peor de mis batallas. Tu mirar reconocía otras señales visuales, quizá más delicadas, quizá más burdas, quizá más a tu manera ¿era lo que querías? Emprendía retirada, comenzaba a barrer pacientemente con las cenizas de aquello que alguna vez se sembró.
¿De nuevo tú? Un vendaval de conceptos inundaron el suelo limpio de escombros de la duda y del cariño, dupla totalmente imperfecta y compleja de desatar, regándolos por todo el lugar, haciéndolos concientes, ya que por muy despejado que se veía el camino, nunca se anularon por completo. El tiempo y su sabiduría no habían sido lo suficientemente solidarios conmigo ¡No! no debo ser desagradecida con el tiempo, compañero fiel de tantas tristezas, si a alguien debo culpar es a la precipitación de cada uno de los acaecimientos, que no dieron tregua al olvido, pero si a la nostalgia y al desconsuelo.
Parecía volverse cada vez más evidente la culminación de tanto palabrerío ¿infundado? calificativo demasiado tajante para oraciones que algo de argumento debían contener, si es que no lo tenían por completo, en la más esperanzadora de las realidades. Halagos coloridos y formaciones atrayentes develaban una constelación de ¿cariño? ¿amor? ¿obsesión? ¿pasión? ¿capricho? ¿orgullo? ¿venganza? entre más me respondía, más dudaba, pero lo cierto era que mis límites se fundían ante el fervor de semejante eclipse refulgente.
Ciertamente ya era tarde para evaluar una y otra vez el sermón añejo de la homeostasis intelectualoide ¿el órgano que bombea ganó? Puñalada directa a la estructuración, hermana incondicional del sin fin de juegos experienciales. Era tiempo de admitir ¿verdad? No, lo mejor era demostrar que la figura geométrica aún estaba allí, sus cuatro lados, sus cuatro puntas, la delimitación perfecta aún seguía ahí ¿perfecta? ¿Es perfección aquella que te lleva a no sentirte gozoso aún sabiendo que se hace lo correcto? ¿Correcto? ¿Es posible definir como seres humanos imperfectos la división clara entre lo correcto e incorrecto? Punto para la razón.
Huí lejos de mi conciente entrelazado estrechamente con la no emocionalidad ¿Era lo mejor? ¡No más! No más preguntas, no más cuestionamientos, no más verbalizaciones de lo que no se pude verbalizar, no más pensamientos de lo que no se puede pensar, no más concretizaciones de lo que no se puede concretar. Es momento de sentir...


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