martes, febrero 21, 2006

¿Errores O Aciertos del Destino?

El inconciente mandaba señales concientes sobre lo que ocurría a mi alrededor, miraba sin querer ver, pero era imposible que no se manifestara con total absolutismo aquello. Flotaba en medio de la multitud, el viento, en una hazaña totalmente impensada, jugó en contra de mi voluntad de coartarme frente a cualquier expresión impulsiva de los sentimientos arrinconados en la razón. Pronto mis conductas no correlacionadas en lo más mínimo con los estímulos demandados desde el interior, dieron por terminada la tertulia de una manera no muy cordial, pero adecuadamente posicionada debido al momento por el cual estaba atravesando, dado que la rapidez del perfume de la reconciliación nunca ha tenido una grata cabida en ese enmarañado conjunto de neuronas unidas unas a otras con la misión de dirigirme ¿hacia donde? Aún lo sabía. No fue fácil desligarme del episodio, murmuraste sobre cada uno de los protagonistas de esta historia, ¿unión?. Era mucho más fácil refugiarse en los fantasmas sombríos de un pasado que no pensaba marcharse, sus tenazas de suciedad se mantenían atascadas con total afianzamiento que las llagas no tardaban en aparecer, sin embargo, no sangraron, tus párrafos perfectamente estudiados para el momento lograron coagularla, pero ¿cicatrizaría? Lamentablemente sólo se trataba de una, las otras mantenían su ciclo ¡vete de una vez!.

Pronto el desagradable pasado comenzó a ahuyentarse, o quizá eran las ansías incontrolables de creer en que las señales del ambiente eran ciertas, pero no de aquel ambiente inhóspito que por algún tiempo me rodeó, sino que de aquel entorno regocijante, aquel entorno que alguna vez me hizo pintar una sonrisa sincera en el rostro.

Enunciados poco comunes y claramente dirigidos adornaban las denominaciones creadas de tu persona, y si aquello se trataba de una invención, ¿Por qué sus acompañantes serían verdaderos? Pero me atraía el juego hiriente de caer en esas brasas confusas. La montaña rusa de tus dardos fugaces, extrañamente hacían trasladarme al comienzo, a ese encantamiento inicial que tanto me provocó ¿Me hablas a mí? Pronto un acontecimiento extraño y devastador azotó mi sistema nervioso, una punzada en el pecho era la señal del impacto de aquello, la indeferencia, enemiga desde hace tantos años, se hacía presente como la triunfadora en la peor de mis batallas. Tu mirar reconocía otras señales visuales, quizá más delicadas, quizá más burdas, quizá más a tu manera ¿era lo que querías? Emprendía retirada, comenzaba a barrer pacientemente con las cenizas de aquello que alguna vez se sembró.

¿De nuevo tú? Un vendaval de conceptos inundaron el suelo limpio de escombros de la duda y del cariño, dupla totalmente imperfecta y compleja de desatar, regándolos por todo el lugar, haciéndolos concientes, ya que por muy despejado que se veía el camino, nunca se anularon por completo. El tiempo y su sabiduría no habían sido lo suficientemente solidarios conmigo ¡No! no debo ser desagradecida con el tiempo, compañero fiel de tantas tristezas, si a alguien debo culpar es a la precipitación de cada uno de los acaecimientos, que no dieron tregua al olvido, pero si a la nostalgia y al desconsuelo.

Parecía volverse cada vez más evidente la culminación de tanto palabrerío ¿infundado? calificativo demasiado tajante para oraciones que algo de argumento debían contener, si es que no lo tenían por completo, en la más esperanzadora de las realidades. Halagos coloridos y formaciones atrayentes develaban una constelación de ¿cariño? ¿amor? ¿obsesión? ¿pasión? ¿capricho? ¿orgullo? ¿venganza? entre más me respondía, más dudaba, pero lo cierto era que mis límites se fundían ante el fervor de semejante eclipse refulgente.

Ciertamente ya era tarde para evaluar una y otra vez el sermón añejo de la homeostasis intelectualoide ¿el órgano que bombea ganó? Puñalada directa a la estructuración, hermana incondicional del sin fin de juegos experienciales. Era tiempo de admitir ¿verdad? No, lo mejor era demostrar que la figura geométrica aún estaba allí, sus cuatro lados, sus cuatro puntas, la delimitación perfecta aún seguía ahí ¿perfecta? ¿Es perfección aquella que te lleva a no sentirte gozoso aún sabiendo que se hace lo correcto? ¿Correcto? ¿Es posible definir como seres humanos imperfectos la división clara entre lo correcto e incorrecto? Punto para la razón.

Huí lejos de mi conciente entrelazado estrechamente con la no emocionalidad ¿Era lo mejor? ¡No más! No más preguntas, no más cuestionamientos, no más verbalizaciones de lo que no se pude verbalizar, no más pensamientos de lo que no se puede pensar, no más concretizaciones de lo que no se puede concretar. Es momento de sentir...

sábado, febrero 18, 2006

El silencio tras la careta

Desde la mirada crítica de mi mundo exterior, existía ese olor a victoria, había un matiz de serenidad proclamado por, a mi gusto, una gran derrota ¿o no?

El tempestuoso momento que marcó la culminación de un proceso de árboles de ilusión, florecillas rojas de pasión, mares de alegría, lagunas de desenfreno, sin dejar de lado las tormentas de decepción, inseguridad, desconfianza y desamor, fue más que nada un retumbar de mi propio desahogo, el canto desesperado de un alma repleta de un sentimiento confuso, pero fuerte; una emoción tímida, pero luchadora: un miedo inmenso, pero sublimado a más no poder; una idealización marcada por mi reciente ceguera, esa que no tiene cura, cuyo remedio termina siendo la peor de las medicinas.

Era tiempo de revivenciar momentos siempre agradables, envueltos con el dulce sabor de la travesura, noches de risas iban y venían, personajes desconocidos vagaban hoy por el escenario quebrajado de mi vida, aportando su cuota de ¿cariño? no, definitivamente se trataba de un parche de halagos, combinado con anulaciones impensadas del espacio personal de cada uno, uniones extrañas resultantes debido al exceso de conversaciones pueriles, dignas de un momento de divertimento, embebidas con esas pócimas de las cuales la mayoría goza y que ciertamente amenizan veladas, pero ¿era eso cierto?

Comenzaba un nuevo día ¿que me deparaba la bohemia? Pronto el aparato sonoro, retumba en mi habitación, la agrupación no tardaba en reunirse y claro, no me iba a quedar atrás, nuevamente una sonrisa inundaba mi rostro, lograba disimular en público, sin embargo mis cercanos, quienes verdaderamente me conocen, lograban leer entre líneas, intuían que tras esas carreras alocadas, se escondían melancólicos recuerdos atesorados con especial recelo.

Día a día, renunciaba a la imagen absurda de una etapa ¿pasada? pero las apariciones furtivas hacían cada vez más pedregoso el camino. No era tiempo de ceder. Miraba hacia delante y proseguía con mi aventura ¿Quién eres? caricias y besos ajenos me rodeaban, frente a lo cual respondía con picardía, no era despreciable el momento, no, sin embargo ¿me llenaba en realidad?

Justamente no era necesario verte y lo hice, moviste tus labios emitiendo frases que al común de las féminas le hubiese gustado escuchar, menos a mí ¿complicada? diría que era sólo el conocimiento que había adquirido durante ese tiempo el que me había bastado para en ese preciso instante, sólo escuchar, y seguir avanzando, aunque mis sentidos se movieran en dirección contraria. Me volvía en una batalla campal contra ellos, para que por fin obedecieran. Su discurso calaba hondo en mí, ellos eran un reflejo fiel de mis emociones, se trasladaban, dejándome abandonada a mi suerte, con mis reflexiones baratas en cuanto al verdadero significado del ¿amor? cuatro letras que siempre me han mirado de manera desafiante, pero aún no logran rozarme con los pétalos espinosos de su aparente hermosura, he salido vencedora.

Las escuchaba, los escuchaba ¿era tan malo? ¿tan equivocada estuve?...
¿Mero Encantamiento?

Las imágenes y sensaciones que pelean volverse concientes en la porción pensante de mi ser, están matizadas en tonalidades grises, y es que los episodios vividos, distan bastante de ser eco de las idealizaciones que de niña tuve de una realidad compartida con un otro, con esa otra mitad que buscamos sigilosamente, pero que al fin y al cabo atrapamos al paso.

Frases armoniosas, perfectamente configuradas para otorgar sentimientos placenteros en quienes las escuchan, ya formaban parte de mi repertorio diario, aunque el romanticismo nunca ha sido el aliado perfecto de aquellas danzas de conquista, sin embargo, a pesar de que me oponía y trataba de armar una secuencia lógica de falacia contra aquello estipulado, terminaban por volverse las piezas perfectas faltantes del rompecabezas de cariño, que desde hace un tiempo había estado siendo devastado por el viento del olvido. Mis barreras de la desconfianza se paseaban en frente mío, trazando la brecha perfecta entre el encantamiento y la realidad, dicho sea de paso, me encontraba frente a una figura que nunca fue vitoreada por el entorno, por los espectadores pasivos de tantas ¿desventuras? Los murmullos enclaustrados en cada pasillo por el que anduve, rozaron mis tímpanos, más no penetraron más allá, el universo creado en ese espacio entre nuestra cercanía, se apoderaba de la visión global de lo ¿real?, e impedía que los sonidos recubiertos ¿de verdad? ¿de maldad?, se manifestaran estrepitosamente en mi ser.

Claramente las reflexiones absolutamente racionales, contribuían a fortalecer la barrera que me separaba de esa, hasta entonces, extrañamente atractiva forma de ser, que atacaba con provocar un caos si es que el aroma de su seducción, sobrepasaba el límite impuesto por mi bendita intelectualización, la cual se sentía nuevamente amenazada y cada vez más debilitada frente a tanto ataque.

Finalmente fui presa del querer, esa silueta no se detuvo, se transparentó medianamente, y provocó el tan temido desequilibrio del cual siempre huí, pero no me acongojé, sólo disfruté, mi osadía interior se encontraba en pleno apogeo, el ello cada vez más primitivo hablaba por el superyo casi desplazado. Obtenía respuestas inesperadas, cada vez veía más claramente a esa figura ¿Pero eso era la realidad? Tal parece que el querer agradar para obtener caricias a cambio, impulsaba a mostrarse de una forma que quizá nunca fue la que acostumbraba a ser, o puede que el entusiasmo primero se haya debilitado dando paso al ser, atentando contra el glorioso príncipe de armaduras de oro, montado en su caballo blanco al rescate de mi persona, quien lo esperaba sin mayores ataduras, ya que mi visión se encontraba favorecida por la careta de la bondad. El caballero se bajó, me recogió y galopamos entre hierba venenosa, me sentía segura, estaba a su lado; me sentía poderosa, era un príncipe; me sentía feliz, lo había encontrado, pero ¿cuánto duraría esa felicidad? Pronto froté mis ojos, en una acción desesperada y al volver en sí, luego de que esas manchas multicolores se disolvieran, pude darme cuenta que no podía tratarse de otra cosa que de una ilusión creada por mis propias ansias de querer creer, junto con mi ahínco por idealizar. Pero no estaba todo perdido, vocecillas sabias atormentaban el idilio, esas voces que nunca te dejan en paz y que como observadores externos gozaban de una visión enriquecida de variadas aristas que escapaban a mi campo analizado, por lo que su verborrea, nada se relacionaba con aquello que yo había vivido, ¿Qué pasa? poco a poco todo cobró sentido, acontecimientos lamentables azotaron como olas descomunales mis deseos de caminar por más tiempo tomados de la mano, era momento de acabar con el rompecabezas velozmente armado, las piezas estaban sobrepuestas y fue por lo mismo que aquella temporalidad armoniosa era débil, quebradiza. Era el fin