
La totalidad del reencuentro estaba rotundamente exenta de turbiedades, existía una hermosa necesidad del otro, amparada en el afianzamiento de la tímida seguridad que nunca fue completa, pero amenazaba con serlo. El camino pedregoso se hacía cada vez más llano. Se respiraba inocencia, pureza, verdad, curiosamente había atisbos de eso tan anhelado y hasta ese entonces jamás encontrado, la perfección. Pero sólo eran asomos, quizá el camino permitiría pronunciar la palabra completamente, sin embargo aún era muy pronto, aunque secretamente se regocijara la idea de que si se vivía. Te sonrío, mas mi alegría le teme a la tuya, se siente débil, pequeña.
Avanzaba sin mí. Fue tan iluso creer que en algún momento echarías un vistazo al pasado y preguntarías sobre la debilitada emocionalidad del abochornado actuar y la entrampada esencia, esa propia esencia que se hallaba vagando a pasos distantes de mí, quizá pronto me encontraría...
Avanzaba sin mí, sin ellos, contigo, pero sin ti. Te detuviste, cortaste la más bella de las flores, la deslumbraste como es de costumbre con tan sólo mirarla, la descubriste para ella, el reflejo de ésta encandiló su mirar, titubeó por un instante, mas su mano ya se encontraba sobre la tuya, pronto su rostro dibujaba una sonrisa y sus labios junto a los tuyos sellaron el episodio. Existía un reflejo grandioso de infinito sentir, de incalculable querer, ya nada sería igual. En tan sólo unos minutos el camino se acortó, pero ahora se trataba de otros pasos, otra unión, la maleza olía a esperanza y compromiso ¿Era lo que estaba esperando? Quizá debía detener la carrera y preguntármelo, pero aún me encontraba perdida entre las ilusiones y sueños por cumplir, debía buscarme en algún lugar entre la realidad y la fantasía, pero el objeto de su obsesión ¿O amor? no detendría su andar.
Avanzaba sin mí, pero contigo, el vacío se llenaba poco a poco, se sentía feliz ¿Me sentía feliz? ¡No! la felicidad siempre ha sido una total quimera, aunque en ocasiones palpable, absolutamente escurridiza. Miraba por entre las ramas aturdidas por el brillo de la flor que llevaba entre sus manos, ya no la dejaría jamás, se volvería una con ella, los demás la observábamos estupefactos al notarla entre sus dedos, no entendíamos la razón de dicha fusión, pero había evidencias claras de alegría, pensaba que yo estaba bien, pero sólo era ella, aquella quien había tomado mi lugar, que me había despojado de mis límites perfectamente delineados para avanzar sin daños y sin entrega, límites que hoy estaban difusos y más aún derrumbados, las barreras ¿cuáles? era absurdo hablar de ellas, en ausencia de éstas. Me miraba a lo lejos, despojada de todo, trataba de reencontrarme conmigo, pero llegaba ella, subordinada al exterior, desconectada de mi realidad y me debilitada aún más, me hacía a un lado, ya no era yo. Aún me buscaba.
Avanzaba sin mí, ya no quería encontrarme, su presencia le bastaba, su crecer la envolvía, sus gestos la cegaban, ya no le inquietaba mi paradero ¿Me acordaba de mí?.
Avanzaba sin mí, me observo intranquila, camino de un lado a otro ¿Qué busco? ¿Me busco? Yo te observaba claramente, pero tal parece que no ocurría al revés. Pronto descubrí que tus pasos se detenían, diste vuelta la mirada y sentí que volvía en mí. El mundo que una vez había dejado atrás, comenzó a hacerse presente, sentía la familiaridad de lo perdido, la confianza de las palabras, la seguridad de un abrazo. Era mi realidad otra vez ¿Me había encontrado?
Avanzo conmigo otra vez ¿Sería esto para siempre? meditaba a cada minuto sobre mi esencia, no quería extraviarla por error nuevamente, evitaba ser exiliada por una fachada construida con sentimientos y desconectada del deber.
Avanzo conmigo, me encontré perdida entre discursos principescos, entre tesoros perdidos, entre arco iris ocultos. Te lo hice saber, y como era de imaginar permitiste que mi sentir fuese calmo, que mis peticiones fuesen como leyes omnipotentes, mas todo se esfumaba cuando debías seguir la recta demarcada, esa recta tantas veces manoseada por la retórica absurda pronunciada en ocasiones claramente dictadas por mí. Nunca te convenció ¿Verdad? Sólo se quedaban en intentos banales por proseguir con lazos débiles de esta unión perturbada por la falacia rebuscada de la oración perfecta.
Avanzo conmigo, ya no volvería a perderme, me encontraba con ellos, los de siempre, me fortalecía cada días más, ella trataba de inmiscuirse, introduciendo pensamientos cándidos, tratando de hacer dubitativo mi actuar, sin embargo no volvería a escapar de mí, no pretendía volver a entramparme, para no encontrarme durante un tiempo, verme desde lejos, había sido suficiente.
Avanzo conmigo, pronto todo sería distinto...
